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The Florida Project (2017, 115'), Lady Bird (2017, 94')

The Florida Project (2017, 115'), Lady Bird (2017, 94') 8 de Junio de 2018

SOBRE LA RELACIÓN HIJAS-MADRES EN NORTEAMÉRICA

Ha dado la causalidad de la coincidencia del estreno en las pantallas españolas de dos películas que tratan las sinuosas y a veces complicadas por no ser siempre rectas ni ascendentes, relaciones de las hijas con sus madres en los Estados Unidos de Norteamérica actual.
The Florida Project (2017, 115') retrata una zona de Miami que el cine nunca ha frecuentado. Aquí no hay playas, grandes hoteles, gansterismo, exilio cubano, montañas de farlopa pura, jubilaciones de lujo al amparo del Sol. Hay coloristas moteles cochambrosos del extrarradio, gente bordeando la frontera del lumpen, pederastas convencidos de que el terreno está abonado porque las madres de sus presas están prostituyéndose o currando en trabajos lejanos y bastante precarios, gente a punto de desahucio de ese techo miserable que constituye su único refugio. Son los bajos suburbios del Paraíso sureño y en los que se desarrolla la relación hija y madre, en la que el esposo-padre es desconocido y pero no la televisión con programas infantiles (el de Bob Esponja), lo cual comparten la gran mayoría de niños del grupo.
La cámara del director y co-guionista Sean Baker, no hace juicios morales. Se limita a registrar el movimiento, los tiempos muertos, la inmediata necesidad de inventarse soluciones provisionales para seguir tirando, las tensiones, las gruesas palabras y la violencia entre adultos, provocada mayormente por la miseria. Pero también habla de la generosidad, la tolerancia, la comprensión, la piedad hacia los perdedores, el razonable hartazgo ante tanto problema irresoluble. Todo ello encarnado principalmente en una especie de ángel guardián que ejerce de portero y hombre para todo en ese miserabilista motel. Ese personaje lo interpreta Willem Dafoe, que aquí resulta creíble haciendo de este santo humanista, siendo muy meritoria su creación (digna de ese Oscar al que fue nominado). No es una actuación tan redonda la de Briz Vinaite, por citar a otros actores adultos.
El grupo de críos -con la desbordante criatura de seis años que interpreta (o vive con absoluta naturalidad) la niña Brooklyn Prince, con su alegría, su incesante correteo, su imaginación práctica, su instinto de supervivencia, cual pequeña reina ejerciendo el protagonismo- está admirablemente dirigido, o simplemente ellos son así de naturales.
Esta película tiene virtudes características del cine independiente y también algunos de sus defectos (p.e. todos los actores van bastante bien peinados, vestidos y maquillados).
Si bien puede parecer un poco larga, pero es que refleja la monotonía y cierta grisura de esas vida en un caluroso y húmedo verano floridano, resulta particularmente bonito y emotivo el desenlace (único tramo que tiene música a diferencia de todos los anteriores), que al parecer fue rodado con un iPhone y en plan clandestino en Disney World, ese lugar con el que sueñan los niños pero cuya visita es casi imposible para los que no tienen claro si van a comer todos los días.
Otra película también sobre la relación hija-madre principalmente, aunque esta ya está al borde de la mayoría de edad, es Lady Bird (2017, 94'). En su apariencia, este film es muy fácil de codificar: una comedia de Instituto pre-universitario con todas sus convenciones. Y es que buena parte de la acción se desarrolla en un centro educativo católico donde la protagonista, hija de 17 años de una familia de clase media de la ciudad de Sacramento, aguarda para dar el salto a una universidad que le permita abandonar esa ciudad y estar en un entorno menos asfixiante. Lady Bird está, pues, en un punto estratégico de su vida: la atalaya desde la que proyectar sueños, pero, también, el punto de referencia que servirá para medir renuncias y autoengaños (en los estudios, en la vivencia de su sexualidad, en sus enamoramientos, etc.). Disney World también es mencionado como el sueño a visitar.
Merrily We Roll Along fue un ambicioso musical de S. Sondheim estrenado en 1981, que narra, en cronología inversa, la distancia entre un éxito apoteósico y unos incontenibles sueños de juventud. Es un musical amargo, en el que cada salto hacia atrás en el tiempo da la medida de una renuncia personal, un sueño roto o una traición a los principios. No es casual que Merrily We Roll Along sea la obra a representar a Fin de Curso que ensayan los estudiantes y él proporciona buenas canciones a la heterogénea y nada obvia banda sonora de esta película, pues también le aporta un correlato simbólico.
Es la primera película que escribe y dirige en solitario Greta Gerwig. Siguiendo una estrategia parecida a la del Woody Allen crepuscular, Gerwig confía el papel de su yo más joven a otra actriz, una Saoirse Ronan cuya aparente fragilidad no neutraliza la ferocidad, ni las periódicas ingratitudes de una identidad en proceso de afirmación. Actúa -como el resto de actores- muy convincentemente, pero su físico no es del todo creíble pues ya tenía 22 o 23 años.
Este sobresaliente film logra un triunfo difícil de alcanzar: brindar la pura verdad sublimando líneas pre-trazadas al ser del género preuniversitario (por denominarlo de algunas forma), con atención al detalle (por ejemplo la precariedad económica familiar captada sin dramatismos, la carga financiera por los créditos para poder ir a estudiar a una universidad), amor a los personajes (que van desde la madre al sacerdote emotivo) y la honestidad de no negar los claroscuros. Pero su explícito final feliz quizá a algunos les deje un sabor demasiado dulzón.
Optó a varias categorías de los premios Oscar y no recibió ninguno.
 



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