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ROMERO, el Santo del pueblo

ROMERO, el Santo del pueblo 17 de Diciembre de 2018

Romero, el Santo del pueblo

            Monseñor Romero fué canonizado en Roma el 14 de octubre de 2018. En la Historia de la Iglesia en la América Latina Contemporánea, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, se dieron encarcelamientos, torturas, asesinatos y desapariciones de Obispos, sacerdotes, catequistas y laicos, realizadas por grupos paramilitares y por el mismo Ejército y Gobierno. En esos mimos años estuve trabajando pastoralmente en Argentina y Uruguay y recuerdo que tuve noticia y me golpearon los asesinatos de: el Padre Mujíca, Mons. Angelelli, los cuatro sacerdotes palotinos, el Padre jesuita Rutilio Grande, Mons. Oscar Arnulfo Romero, los seis mártires jesuitas y dos empleadas domésticas de la UCA de El Salvador, etc.

            De las pocas ocasiones en que el cine se ha acercado a esta temática, recuerdo un correcto film -en algunas montentos, hasta notable- que narra la vida del arzobispo salvadoreño Oscar Romero (en 1917 nació) a partir de 1977, en que fue nombrado cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador y se dedicó a denunciar la desigualdad social y la represión del gobierno de El Salvador, muriendo asesinado el 24 de marzo de 1980, en los comienzos de lo que sería la Guerra Civil Salvadoreña (1980-1992) (“Haz patria, mata un cura”, pintadas increíbles pero ciertas, ya que esa patria se jactaba de ser católica).

            Romero (USA, 1989, 105'), rodada nueve años después de su asesinato, en la mexicana Morelos, producida por la Paulist Pictures, con medios suficientes y ritmo cinematográfico. Cuenta con la buena interpretación de Raúl Juliá -puertorriqueño descendiente de valencianos- así como de los demás actores. Tiene un guión sólido y una dirección correcta.

            Se refire a su fundamental y gradual proceso de conversión hacia los pobres y la denuncia de su inhumana situación provocada por los militares y la gran oligarquía y de las estructuras injustas del país. Gradual proceso expresado en sus diversas acciones y gestos de solidaridad hacia las víctimas de la violencia política y sobre todo en los contenidos de sus homilías dominicales, transmitidas por la radio diocesana YSAX, cyos contenidos aparecen en el film, pero también dispersos en diversos diálogos. Pero el que pueda parecer edificante y religiosa no significa que estemos ante una película autocomplaciente ni fanática. Plantea un innegable dramático conflicto: el interior de Romero consigo mismo, con sus propios miedos, su aparente debilidad, sus convicciones religiosas, sus privilegios sociales; en suma, con sus profundas y personales debilidades.

            Pone en escena esa conversión, por ejemplo, con el recurso del vestuario. Al principio aparece con sotana blanca como una paloma, inocente a costa de ser voluntariamente ciego frente a la situación social y a las tendencias radicalizadas (de derecha e izquierda) en el seno de la iglesia y luego con sotana negra. Poco a poco sus distintivos de autoridad se pierden en el trato con la dura realidad. En una intencionada escenificación de la pasión bíblica, los soldados le arrancan las ropas. Romero se ha liberado de las ataduras exteriores de una indecisa cúpula eclesial y se entrega en su desnudez a su misión evangélica.

            Además de estas, tiene otras necesarias teatralizaciones fílmicas más o menos verídicas y así por ejemplo fue asesinado por un disparo hecho por un francotirador desde un coche, que impactó en su corazón en el momento del ofertorio de la Misa diaria (en 2009 se supo que el que disparó fue un subsargento de la sección II de la extinta Guardia Nacional, y miembro del equipo de seguridad del expresidente de la República). Quizá es demasiado larga la historia del rapto del Ministro de Agricultura Celada y no está del todo bien narrada su entrañable relación de amistad desde 1967 con el Padre jesuita Rutilio Grande.

            El hecho social mostrado hace que, inevitablemente se nos presente una película con una alta dosis de dramatismo, pero que a su vez no se exagera, ya que en este casola realidad supera a la ficción.

            Pero gracias a que se cuenta una historia sobre problemas universales como la injusticia, Romero permite ser vista con independencia de tener tal o cual postura religiosa o política. Incluso al más ateo y escéptico no les dejará indiferentes. Hay que reconocer que vidas como la de Romero despiertan esperanza. Y eso sí es necesario para vivir. El 24 de marzo de 1990 se dio inicio a su Causa de Canonización y el 12 de mayo de 1994 se presentó formalmente la solicitud a su sucesor el arzobispo metropolitano. A primeros de julio de 1997 la Santa Sede aceptó la Causa como válida, pero algunos analistas vaticanos señalaron la existencia de cierto posterior «bloqueo de la Causa», desbloqueada ya al final de los tiempos de Juan Pablo II. Fue el Papa Francisco quien cuando en 2015 se le dieron las gracias por la Beatificación de Monseñor Romero, habló de “las dos veces que lo mataron”: en marzo de 1980 y con el largo silencio de la Iglesia al respecto.

            Y es que fue un «santo incómodo», con pocos amigos por ser «demasiado exigente», indica Gregorio Rosa Chávez, actual cardenal arzobispo del El Salvador.

            El Papa Pablo VI -que lo apoyó sin reservas- y Monseñor Óscar Romero serán canonizados el domingo 14 de octubre de 2018 en Roma durante el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes y las vocaciones.

            "Pero la lucha por la paz, la justicia y la libertad sigue" (frase final en los créditos del film) y es que la figura de Monseñor Romero nos interpela por lo menos a los cristianos y la Iglesia de este 2018.



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