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PARÁSITOS (Corea del Sur 2019)

PARÁSITOS (Corea del Sur 2019) 10 de Marzo de 2020

El espacio como metáfora social y la ficción cinematográficas en sus diversos géneros como dolorosa incisión en la realidad son una buen pareja. Parasitos presenta a la familia protagonista condicionada por el lugar que habitan: padre, madre, hijo e hija, se apelotonan en un sucio bunker, en un semi-sótano expuesto a todas las inclemencias que propone la ciudad. Hay una segunda familia, compuesta también por padre, madre, hijo e hija, en lo que parece ser un perverso juego de reflejos. Ésta habita en una impresionante casa, plasmación física de su igualmente gran poder adquisitivo. Se trata de una suerte de castillo de sofisticada arquitectura, elevado sobre una colina. Una especie de tierra prometida e inalcanzable para la primera.

Pero también está la picaresca como gesto político, como subversión de un orden social muy empeñado en mantener abajo a los de abajo y arriba a los de arriba. El director y también co-guionista, se mueve con endiablada habilidad por los recovecos de esa mansión que se descubre como el personaje más potente de todos. Se pasea con soltura por diversos géneros cinematográficos a lo largo de sus un poco excesivos 132 minutos de metraje.

Este “relato salvaje” a la coreana rinde mejor cuando más parecen perder el control sus excelentes actores. En ello reside el verdadero poder de Parasitos: su escalofrío, su cierta comicidad, irremediablemente pintada de negro. Pesadilla tan certera y cercana que escuece tanto como entretiene. Sorprende la portentosa maestría de una puesta en escena siempre en el límite de lo verosímil. Extraordinaria y sorprendente no porque sea una buena o excelente película, sino por la urdimbre argumental que es humeante, vitriólica, aunque un poco previsible. Es una película bárbara, feroz y para algunos interesante.

Su director Bong Joon-ho disfruta de un crédito ilimitado entre los críticos de cinematográficos y los otorgadores de los Oscar, pero sus Parasitos no me entusiasma, aunque me parece inquietante. Posee toques de comedia rara y un lado tortuoso que resulta creíble y entretenido. Así pues en suma, es una lección de cómo hacer cine social sin caer en clichés manidos y de cómo utilizar el espacio fílmico.



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