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La Mula

La Mula 11 de Marzo de 2019

LA MULA (The mule)

      Mula (USA, 2018, 116') es la última película estrenada del octogenario Clint Eastwood, actor y también director de cine, seguidor de los grandes maestros del cine clásico, pues su forma de hacer películas está lejos de los modos y formas que el cine contemporáneo y tecnificado tiene hoy día. El que protagonízó en sus inicios películas del Oeste y se hizo famoso por representar a un cowboy duro y sin escrúpulos, después se dedicó a dirigir películas y paulatinamente se transformó detrás de la cámara como un buen director, de los mejores del cine norteamericano por su estética clasicista y también por su temática llena de valores humanos, pese a la violencia explícita o soterrada que aparecía en ellas. En su madurez, ha llegado a una armonía de recursos visuales y estéticos que hacen que de su mano hayan salido bellas, maduras y humanistas películas: recuérdese la excelente Gran Torino (2008), con la que la actual tiene un gran parecido.

Hubiera sido una despedida hermosa, a la altura de su legendario creador, un tal Clint Eastwood, buceador de la oscuridad en películas tan potentes como amargas, complejo retratista de la violencia, especializado en gente a la deriva. Pero Eastwood siguió legítimamente haciendo cine. Con resultados mediocres, lamentables o desastrosos ¡cómo era 15: 17. Tren a París! A pesar de sus obras espléndidas como Bird; Sin perdón; Los puentes de Madison; Mystic River; Medianoche en el jardín del bien y del mal; Million Dollar Baby; Un mundo perfecto; Banderas de nuestros paxdres o Cartas desde Iwo Jima.

En esta ocasión se trata de un hombre mayor que en su vivero cultiva primorosamente plantas y flores que luego vende. Pero su negocio entra en quiebra debido a la poderosa competencia de las ventas por Internet, algo que no entiende. Es un ‘analfabeto digital’. Se tiene que enfrentar a la hipoteca de su negocio que no sabe cómo afrontar. Vive totalmente solo y aislado pues su familia lo rechaza. Un día se le ofrece causalmente un trabajo que parece muy sencillo. Sólo se le pide que conduzca su furgoneta de un lugar a otro llevando pequeños paquetes que se le irán dando. Le gusta conducir y acepta. Es un cuantioso dinero fácil que le vendrá muy bien para ayudar y granjearse el perdón de su familia. Sin saberlo, es investigado y seguido secretamente por un agente del Departamento Estatal contra el Narcotráfico. (En el argot del mundo del narcotráfico, mula es el nombre que se da a aquellos que se encargan de trasportar la droga de un lugar a otro. Se les paga muy bien a cambio de correr grandes riesgos y sufrir graves peligros).

A la vez este protagonista contempla su vida pasada -sobre todo, con respecto a su familia- como un gran fracaso porque su anterior comportamiento y actitudes han estado muchas veces llenos de gran egoísmo. Él desea volver a encontrarse con su esposa y su hija. Se siente culpable y desearía volver atrás para corregir sus errores, para sentirse perdonado.

También se plantea la situación de muchos ancianos que se ven superados por las circunstancias actuales, que no comprenden muchas de las cuestiones y posturas culturales e ideológicas de esta sociedad tan cambiante. Viven su vida con una gran resistencia a todo lo que es nuevo, donde “cualquier tiempo pasado fue mejor” y no se acomodan ni siquiera a ese nuevo lenguaje de lo "correctamente político" (llamar ‘de color’ a los negros, ‘tortilleras’ a las lesbianas), que a veces suena más a hipocresía que a otra cosa. La película es en parte un melancólico discurso sobre la vejez y el tiempo pasado, teniendo algunos momentos y situaciones demasiado subrayados.

En ella, Eastwood nos muestra algunas de las sugerentes ideas claves de su filmografía: el aprecio de los valores tradicionales, una toma de postura políticamente conservadora, el esfuerzo y el sacrificio como un valor fundamental en la vida así como el aprecio del honor y la dignidad como condicionamientos verdaderamente humanos que construyen a la persona. Curiosamente, el guionista es Nick Schenk, que también firmaba Gran Torino.

Y parece ser que después de esta Mula no volverá a interpretar. También es dudoso que a los 88 años la industria o sus fuerzas, le permitan seguir dirigiendo. Estamos hablando de su testamento. Es amable, se deja ver y oír, nada más.

El problema es que de Eastwood siempre esperas mucho más. Mantiene la energía como actor y en este caso no existe el lado amenazante y violento en su personaje. De Clint Eastwood siempre se espera más. La obra de este formidable creador, no será recordada por las películas de sus últimos diez años.



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