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La forma del agua

La forma del agua 2 de Abril de 2018

Y EL OSCAR ES PARA….: LA FORMA DEL AGUA (USA 2017)

En todo el cine de Guillermo del Toro, ese hombre que -afirma- que nunca ha perdido la pasión y la fidelidad al cine, las historias, los personajes, los ambientes y las ensoñaciones que le fascinaron desde niño: o entras, o te quedas fuera, no hay término medio en la gran mayoría de sus películas.
Y es que en su cine hay faunos enternecedores y dragones salvajes (algunos de ellos con apariencia humana), gente acorralada y sola que busca un refugio y que solo se lo proporcionará su imaginación, historias de terror conviviendo con una poética muy personal, un tono y una atmósfera que remiten a películas de otro tiempo. Quizá sea La forma del agua la película más conseguida de toda su filmografía y donde el empeño en narrar una historia se superponga a su imaginería fantástica y del horror. Pero se entiende que algunos espectadores la encuentren irreal e incluso ridícula esta arriesgada y poética fabula fantástica con cierto trasfondo histórico.
La protagonista es poco glamurosa, tampoco es guapa. Se despierta en plena noche para ir a trabajar fregando y limpiando unos inquietantes laboratorios gubernamentales durante la Guerra Fría. Se dirige en un autobús muy triste a su rutinario trabajo. Pero no maldice su suerte ni reniega del mundo. Porque hay otras personas tan perdidas como ella que son sus amigos: una compañera de trabajo, negra de clase baja en época de racismo, que la protege, cuyo matrimonio es frustrante; y un vecino, que es un hombre bueno, entrado en años y homosexual, acomplejado, artista y casi siempre desolado, al que ella cuida y mima. Todos ellos contra el poder y el clasismo inerte en la sociedad norteamericana de aquellos años. Pero esta perdedora también posee algo luminoso. Está dispuesta a embarcarse en la aventura más irracional, comenzar un amor con un monstruo que es mucho más humano que aquellos que le recluyeron y esclavizaron. Le ayudará un doctor, espía ruso disidente que lucha por ideales y se queda solo. Su enemigo será el jefe de vigilancia del laboratorio que tiene toda la maldad del mundo: machista, acosador, sádico. Todos ellos bien interpretados por: Sally Hawkins (la protagonista), Octavia Spencer (la compañera de trabajo), Richard Jenkins (el vecino), Michael Shannon (el jefe de seguridad).
El film tiene excelente envoltorio en lo que a puesta en escena se refiere, con fenomenal diseño de producción, recreando con esmero aquella época, y una estupenda fotografía. Hay una cierta nostalgia por el cine de otros tiempos, pero Del Toro la utiliza para, siendo fiel a sus ideas, plantear una forma entre clásica y moderna de seguir cultivando el género.
Esta película habla de la compasión, del calor que se pueden otorgar los marginados, de la capacidad de amar en las circunstancias más duras. Sobre la necesidad de lo otro, aunque sea lo extraño, de todo aquello que, desde la sombra, construye y desarma la propia realidad. Lo cuenta con un lenguaje visual admirable, retratando sensaciones. Intenta exponer los sentimientos de incomunicación, el aislamiento que la sociedad genera sobre gente “diferente", la lucha contra los prejuicios, alabando los amores interraciales, contraponiéndolo a la intolerancia, el militarismo, sazonándolo con algunas dosis de terror. Quizá son demasiados temas, que por otra parte no resuelve a no ser con topicazos, incongruencias y lagunas de guión. Del Toro anda falto de profundidad en su discurso suena a hueco y vacío. Parecería querer dar algo más gracias a sus característicos aportes truculentos de sangre sobredimensionada (cercano al gore, como los dedos cortados o la cabeza de gato cortada), con imágenes de sexo que personalmente me parecen gratuitas, mal integradas en la trama, si no es por su grado efectista artificioso pues no las siento orgánicas al relato como tal.
Su maniqueísmo no puede ser más expresivo: a un lado, los buenos, demasiado victimizados y al otro lado, el mal químicamente puro, respaldando los intereses militaristas del gobierno. Así pues, le falla el guión. La historia es la que hemos visto millones de veces: el personaje femenino con muchos fallos pero lleno de virtudes, sin amor, que redime y salva.
Los primeros 30 minutos son los mejores (dura 119 minutos) y es que el silencio como trabazón de la historia funciona excelentemente. Ella es muda, el monstruo no habla, los diálogos de los demás son parcos. El encuentro entre los dos protagonistas se realiza con normal y lógica evidencia. Se nos introduce en una fábula de irrealidad y fantasía implícita a la que la música de Alexander Desplat, junto con canciones de la época (cantadas por Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Frank Sinatra, Nat King Cole, entre otros), aporta calidez y melancolía. Pero que, después, por la redundancia del relato y sus evidentes subrayados, se estropea. El final es un poco precipitado, excesivo y suponible, si bien quizá no podía ser de otro modo.
Es una pena que todo el trabajo logrado, no brille en todo su esplendor debido a una historia casi simplona, llena de estereotipos y personajes unidimensionales. Todo fluye sin pesadez en esta historia de amor imposible, es un canto a la libertad y al orgullo de ser diferente, diseñado para contentar a propios y extraños, sobre todo a aquellos que reparten galardones, pues es lo suficientemente rebelde como para romper algún molde hollywoodiense (¡¡¡estaba nominada a trece Oscars y le dieron cuatro, entre ellos el de la mejor película!!!).
 



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