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HISTORIA DE UN MATRIMONIO (USA-Netflix 2019)

HISTORIA DE UN MATRIMONIO (USA-Netflix 2019) 19 de Diciembre de 2019

HISTORIA DE UN MATRIMONIO (USA-Netflix 2019)

    Historia de un matrimonio (Marriage Story) es una película generosa en su planteamiento e implacable en su devastadora cronología del proceso de descomposición de una pareja, desgraciadamente tan común en  nuestra sociedad. Un viaje sin tregua en el que sus dos intérpretes -unos descomunales Adam Driver y Scarlett Johansson- se entregan con la sutileza de los grandes a una película que por su exigencia y su sentido común resulta bastante desgarradora.

       Su guionista-director es muy hábil dejando que sean los abogados implicados en este divorcio quienes se lancen al circo del odio y el resentimiento. Entrega los guantes de boxeo y por tanto de la guerra de sexos (resuenan clásicos de este subgénero como La guerra de los RoseCrueldad intolerable) a los abogados (los también excelentes Laura Dern, Ray Liotta y Alan Aldan) y así protege a sus exenamorados (Adam Driver y Carleta Johansson) del delirio legal y moral que subyace en toda ruptura. Tampoco abusa (como tantos melodramas tramposos a lo Kramer contra Kramer) del sufrimiento del hijo de la pareja, si bien el niño es medular en el conflicto, pero sin caer en un sentimentalismo obsceno y barato.

       Para algunos es bastante insoportable, falsa, pretenciosamente realista, habitada por personajes, diálogos y situaciones que les resultan cargantes. Pero Historia de un matrimonio no es solo la mejor película de Noah Baumbach, sino que es una de las obras más precisas y dolorosas que ha dado el cine reciente sobre algo tan duro de atrapar como la fractura del amor.

        Y es que en los 136 minutos que dura este film, lo importante no es lo que se nos cuenta, porque ya nos lo sabemos; lo importante es la finura con la que Noah Baumbach y sus actores nos lo cuentan. Es una placer contemplarla, a pesar de que su balanza se incline levemente a favor del marido, pero en toda ruptura de una unión ambas partes involucradas tienen su responsabilidad.

        Se ha podido realizar gracias a Netflix. Ese supermercado digital, abarrotado de cosas prescindibles o fatigosas, con la labor de entretener a una clientela tan grande como heterodoxa, pero sabe lo que es la calidad y que la inversión en ella puede salir beneficiosa. Pero también otorga prestigio, embelesa a una parte -¿minoritaria?- de su clientela, recibe consecuentes premios, otorga cierta distinción a su negocio. Ignoro las cifras de audiencia de una serie tan lujosa y perfecta como The Crown o cuantos espectadores han sentido embeleso ante las últimas entregas de Alfonso Cuarón (Roma) y de Martin Scorsese (El irlandés), sin embargo deben de ser bastantes los cinéfilos a los que compensa pagar la cuota a cambio de disponer una y otra vez, a domicilio, de maravillas como las aquí señaladas.



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