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El joven Papa

El joven Papa 9 de Octubre de 2017

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Hasta ahora no he hablado en este blog de series de las televisiones de pago y plataformas digitales porque considero que por ahora muchos quizá no tienen tan fácil acceso a ellas. Pero en esta ocasión me voy a centrar en una de ellas.


Me refiero a la primera temporada de El joven Papa (2016), la serie de Paolo Sorrentino (La Gran Belleza; Juventud) sobre Lenny Belardo, un pontífice que bebe Cherry Coke Zero, fuma mirando las estrellas en una azotea del Vaticano, cita a Daft Punk y al grafitero Banksy e invoca la áspera ortodoxia preconciliar para recuperar el misterio de una espiritualidad tantas veces mancillada. Repasa las luces y sombras -en diez capítulos (600 minutos)- de los primeros días de papado de este Pío XIII. Un Papa autoritario y narcisista que, cronológicamente, podría ser sucesor de Francisco y que es una criatura sorrentiniana con guiños a Eugenio Pacelli (Pío XII).


Su guión es mordaz, divertido, extravagante y quizá para algunos irreverente. Pienso que tiene algunos errores: ¿no es un poco anodina la subtrama de Javier Cámara (el cardenal Gutiérrez) en USA?; ¿no da la sensación de que la primera parte -los cinco o seis primeros capítulos- no encaja con la segunda, ni en temas ni en el tratamiento? Cierto que en esos primeros episodios todo parece más transgresor, impredecible. Quizás se vaya perdiendo ese punto gamberro de los primeros episodios. Pero lo cierto es que todo va dando pequeños giros, todos los personajes van evolucionando y mostrando la humanidad que llevan dentro, incluso Lenny se empieza a retraer de algunas de sus ideas. Es normal que a mucha gente esto les haya decepcionado ya que esperaban ver una catástrofe eclesiástica. Pero no. Por otra parte, los dos penúltimos capítulos son tiernos y emocionantes.


Los personajes principales están bien diseñados. Partiendo de Lenny (Jude Law), un Papa que no llega a los 50 años, que se salta todos los protocolos, que tiene una visión ultraconsevadora, que tiene un pasado que le atormenta y una búsqueda que le tiene cegado. La Hermana María (Dianne Keaton) una monja que juega al baloncesto y tiene una camiseta para dormir muy peculiar, quizá un personaje un poco desaprovechado y sobre todo en sus apariciones finales. El cardenal Voiello (Silvio Orlando), el Secretario de Estado que tiene que improvisar día a día ante las novedades de Pío XIII, el supuestamente personaje antagonista.


Su fotografía es espléndida, las imágenes rebosan belleza y elegancia. Controla los tiempos magistralmente. También tiene mucho que decir la banda sonora, pues es chocante y curioso oír canciones que nada tienen que ver con una institución como la Iglesia. La dirección artística está muy cuidada, si bien el Vaticano negó el permiso para rodarla en su interior, aunque en realidad nunca lo concede, pues este pequeño territorio estaría ocupado los 365 días del año por equipos de rodaje.


Me parece que no ha sido percibida como una serie contra el clero o la Iglesia. Además no trata tanto de las intrigas y pugnas por el poder en el Vaticano. No es su intención. Es una serie que hace preguntas provocadoras sobre: la naturaleza del poder, la fe (la religión católica), la espiritualidad, la búsqueda de Dios, las crisis religiosas; trata sobre personas que no encuentran su lugar, sobre sacerdotes que no encuentran a Dios. Viene a decir que si se reflexiona un poco, no es malo que haya Dios; pero… ¿quiénes somos nosotros? Esta es la pregunta que Sorrentino nos hace en el plano final en out hacía el universo.


Seguro que provoca reacciones de todo tipo. Especialmente amargas cuando la paciencia no han permitido ir más allá de los primeros capítulos. “Sorrentino ya advirtió que había que verla entera para juzgarla”, como así debe ser.


Algunos la ponen a la altura de filmes como Las sandalias del pescador (1968) o El cardenal (1963) o Habemus Papam (2011), de Nanni Moretti, que no salió demasiado bien parada. Pero al relacionarlas con ellas, se nota que estamos en otros tiempos cinematográficos.


L’Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, recientemente la ha reseñado. La relevancia del hecho la indica el lugar donde se ha producido -este periódico se edita desde 1861 y puede tomarse, en mayor o menor medida, como una orientación para entender muchas posturas oficiales jerárquicas- y el momento elegido, pues parecería ser que se ha hecho para advertir sobre nuestra contemporánea sempiterna instrumentalización, que tiende a ser comercialización de todo, incluso de lo más espiritual.
 



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