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El instante más oscuro

El instante más oscuro 22 de Enero de 2018

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Por causas que en la gran mayoría de ocasiones se nos escapan a las gentes de a pie, en la industria cinematográfica coinciden muy cercanas en el tiempo películas sobre el mismo personaje histórico, o inspiradas en la misma novela. Lo cual puede ser interesante pues permite calibrar la visión de una y otra. Eso por ejemplo ocurrió con el biopic de Truman Capote, o con la novela Las amistades peligrosas. Y esto es lo que ha ocurrido actualmente con la figura de Winston Churchill (1874-1965).

Pero parecería ser que hay un cine Brexit que en estos últimos tiempos ha recurrido ya varias veces –Dunkerque, Su mejor historia y dos sobre Churchill, incluso los primeros capítulos de la serie de televisión The Crown– al mismo periodo histórico (¿todo en pos de forjar una nueva mitología para la autoestima nacional británica?).

La titulada Churchill, dirigida por J. Teplitzky, es la primera que se estrenó en España e intenta capturar la esencia del personaje fijando su atención en un momento particular: sus dudas frente a los riesgos de la operación militar aliada que culminaría en el desembarco de Normandía. Una elección pues que sitúa al personaje en el territorio inestable de la crisis personal.

En ella su silueta se recorta imponente sobre el paisaje, como un colosal monumento a la granítica integridad del alma británica. En diversos momentos, la lente se ajusta para fijar en impecable nitidez las imágenes desenfocadas que han abierto la secuencia. Son motivos estilísticos que subrayan que de lo que se trata es de limpiar (la imagen) y erigir (la estatua): un uso del biopic a la medida del Gran Hombre, convenientemente colocado sobre el pedestal de la posteridad. Un rótulo final remacha que este Primer Ministro ha sido el británico más célebre de toda la Historia. Ninguna tentación, pues, de hurgar en claroscuros. Estamos muy lejos, también, de convertir al biografiado en enigma que tiene que ser desvelado mientras se le aplican capas de ambigüedad y se le cuestiona a cada trazo.

El actor Brian Cox lo encarna bien, como un león enjaulado, una fuerza de la naturaleza enfrentada al abismo de su propia caducidad, que, finalmente, reformulará su aparente derrota en el arte del liderazgo asumiendo su condición de símbolo. La secuencia de la conversación entre Churchill y el rey Jorge VI es el corazón de la película que, de hecho, parece más movida por las turbinas de un mecanismo infalible (el del biopic para masajear el orgullo nacional) que por algo realmente vivo y falible. Que Miranda Richardson dé vida a Clementine Churchill en clave de madre de un entrañable e irascible bebé grande, demuestra que, donde podría haber algo susceptible de ser problematizado, se prefiere la simpática funcionalidad del arquetipo. A este retrato, académico e impecable, le falta sangre, chispa. Pero eso sí, cumple perfectamente varios de los requisitos (documentación, puro entretenimiento cultural...) que pueden satisfacer a quienes acuden hacia un producto así.

Más recientemente se ha estrenado El instante más oscuro (Darkest Hour). Una comparación entre la película de Teplitzky y esta de Wright, permite comprobar con qué velocidad se consolidan una serie de lugares comunes en torno a un tema dado como es el de un conocido personaje histórico. Y así toda película sobre un célebre mandatario, como lo fue Winston Churchill, debe tener: a) un actor que se deje la piel en el papel principal; b) una escena en la que el volcánico temperamento del protagonista entre en erupción ante la vulnerabilidad de una joven secretaria; c) otra escena donde esa secretaria sea quien logre que el energúmeno se humanice, desvelándole el precio afectivo y humano de la contienda; d) una conversación preclimática con el monarca, en la que dos fuerzas antagónicas se reconocen como imágenes en el espejo; y e) un clímax en forma de discurso (en esta son tres, enlazados).

En las casi cuatro semanas entre el nombramiento de Churchill como Primer Ministro (10 de mayo de 1940) y la evacuación en Dunkerque (26 de mayo al 4 de junio), el curso de la Historia pudo haber dado un vuelco. Gran Bretaña estuvo cerca de negociar un tratado de paz con Hitler y, por negarse a pactar con los nazis, Churchill tuvo a su propio partido conspirando en su contra. Pero los Aliados ganaron y su liderazgo firme y sus arengas, lo catapultaron al Olimpo de los grandes estadistas.

El instante más oscuro es un thriller político que se desarrolla en ese indicado mes decisivo para Churchill. El director Joe Wright y el guionista Anthony McCarten se propusieron bajar a Churchill del pedestal y mostrar al hombre detrás del líder: un ser humano con dudas y defectos que se lo jugó todo a una carta y podría haber perdido. Churchill está marcado a fuego en el imaginario británico, pero él dominaba la autopromoción: con su puro, sus ropas victorianas, su pajarita... había algo teatral en cómo se presentaba, pues muy probablemente entendió la importancia de vender una marca antes de que dicho concepto existiera. Pero la película explora su lado más humano.

En esta Gary Oldman se entrega tanto como lo hace Brian Cox, pero plasma mejor que él la fragilidad del personaje. Afortunadamente la película es mucho más (fotografía, audaz puesta en escena,…), a pesar de que su director no pare de emitir señales de que pretende ser un Gran Autor, que no son más que gestos de formalismo vacuo en plano cenital. Casi al límite de lo sonrojante, incluso hay una escena donde un Churchill sin camuflaje vive su particular momento Enrique V en el metro de Londres.

Pero un sombrero Homburg abandonado en el Parlamento, un huevo frito sobre una sartén y un vaso rellenándose de whisky en plena mañana preceden a la primera imagen fugaz del rostro de Churchill, iluminado por la llama que enciende un puro casi en el instante mismo del despertar. Es una buena manera de decir que el hombre que "solo pudo prometer sangre, sudor y lágrimas", no fue una mera figura histórica, ni un simple personaje cinematográfico en el interior de su propio biopic. Y esto es lo que hace El instante más oscuro.

 



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