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Dunkerke

Dunkerke 25 de Julio de 2017

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Entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, la Royal Navy evacuó del puerto francés de Dunkerque a más de 450.000 combatientes aliados cercados por las tropas germanas (la operación Dinamo). Poco antes, el Führer podría haber acabado con ellos si hubiera dado orden de atacar, pero no lo hizo... ¿Por qué? A día de hoy se desconoce la respuesta, pero la teoría más extendida es que el jefe de la Fuerza Aérea germana le aconsejó no dar aquella victoria al Ejército de Tierra, un cuerpo menos ideologizado que el suyo. En todo caso, Gran Bretaña aprovechó ese momento.


Pues bien, sobre ello trata Dunkerque, la última película del inglés Christopher Nolan, director entre otras de las bastante interesantes: Memento; El truco final (El prestigio); El caballero oscuro; Origen; Interstellar. Es la historia de una derrota, algo difícil de vender en la hollywoodense Meca del Cine, si bien es una película épica que se acerca al conflicto de un modo más íntimo que totalizador, indagando en la historia de supervivencia de los soldados y no tanto en la toma de grandes decisiones estratégicas y políticas.


Y es que se desmarca de las líneas generales del cine histórico y más concretamente del cine bélico. Así no veremos apenas escenas bélicas, no veremos a los enemigos alemanes, veremos las ansias por sobrevivir, el egoísmo por seguir viviendo pese a todo, por huir y salvar la vida. No es una película de guerra convencional: no tiene batallas espectaculares a pie de playa o bandos enfrentados entre trincheras. Su historia es de derrotados, de héroes sin heroísmo, a la espera de una prometida evacuación salvadora. Es un maremágnum de relatos individuales y subjetivos en los que es muy difícil encontrar un único elemento simbólico que resuma todo lo que aconteció en aquella playa.


Pero la forma de hacerlo, hay que reconocerlo, es valiente y diferente. Se aleja del cine más convencional y propone una historia coral protagonizada principalmente por personajes anónimos de los que únicamente llegamos a conocer lo que vemos en pantalla, no recibimos más información de ellos, apenas hay diálogos e incluso prácticamente se suprimen las historias personales para que sea solo la imagen la que nos hable.


Brinda tres historias diferentes, desarrolladas en tiempos diferentes con un equilibrio aplastante, que van tomando forma hasta que la narración se alinea y llega a su final. Cada historia busca representar la guerra desde un prisma diferente (el piloto, el soldado, el civil). Hay una desvirtualización del tiempo como concepto lineal, demostrando que es la intensidad y no los relojes los que realmente determinan la importancia de los actos y de lo ocurrido. Su narrativa está supeditada al montaje. No hay personajes al uso. Hay eventos y circunstancias que complementan. El eje temporal del relato está roto en tres, lo que obliga al espectador a estar atento para no perderse y saber lo que está viendo y cuándo sucede. La película es un revelador y subyugante estudio de la angustia ante el vacío, ante la guerra. Christopher Nolan, autor también del guión, presenta la brutal realidad de la situación con una implacable sinceridad.


En el plano técnico es excelente: una búsqueda del máximo realismo, conseguir que el espectador sienta que está en plena batalla. Todo colabora en ese objetivo; la excelente banda sonora (consigue que nos parezca que nos disparan a nosotros, o que los Stukas nos están atacando) y la discreta música de Hans Zimmer, la fotografía del neerlandés-sueco Hoyte van Hoytema (espectacular, esos colores apagados, esos desenfocados propios de las filmaciones de entonces; las escenas, sobre todo las del aire, son preciosas, una auténtico logro visual), la ambientación, el gran número de extras, las escenas de acción realistas y espectaculares, contundentes, sin escenas digitales que "canten", sin recrearse en la violencia o en lo sanguinolento,... Y para todo ello solo se necesitan 106 minutos.


En cuanto a los actores, Fionn Whitehead, sin experiencia alguna en largometrajes parece un veterano en la piel de un joven, y no sólo él también están correctos o sobresalientes casi todos, por poco que aparezcan (Keneth Branagh, Tom Hardy y Mark Rylance como actores más conocidos).


Imagino que en toda guerra aparece la geografía emocional del ser humano, lo mejor y lo peor. Pero supongo que la sensación que protagoniza ese panorama siniestro es el miedo a perder la vida, al dolor, a quedarte tullido a perpetuidad por dentro o por fuera, a perder todo lo bueno que te haya donado la existencia (Dios para los creyentes, si bien El o lo religioso no se mencionan nunca). Y ese pavor no es controlable o soportable ni harto de alcohol, ni harto de sedantes, ni harto de anfetas, sustancias que parece ser que proporcionaban ancestralmente los ejércitos a sus soldados para infundirles valentía.


Se puede haber olvidado el argumento posterior de Salvad al soldado Ryan (S.Spielberg 1998) pero es imposible no recordar lo que le ocurre a la tropa en los extraordinarios treinta minutos iniciales del desembarco en Normandía. Son hombres en situación límite, independientemente de que en la batalla obren con coraje o huyan, sobrevivan o les condene la suerte, avancen o se queden paralizados, sean solidarios o solo se preocupen por salvar su piel.


Y con Dunkerque ocurre lo mismo. Es brillante, intensa, espectacular, impresionante en todos sus aspectos desde su magnífico inicio hasta su inevitable final. Transmite con veracidad la humanidad de los combatientes, sus sentimientos; entre ellos hay gente que mantiene la integridad y la cordura junto a otra rota emocionalmente y condenada para siempre a las tinieblas mentales.


El discurso de Winston Churchill (4 de junio de 1940), leído en los últimos minutos, no sé si tuvo esa velada mención a la deseada participación del Nuevo Mundo (o sea USA) para ayudar a salvar al Viejo (la Europa aliada), lo que finalmente ocurrió a partir del 7 de diciembre de 1941. Es lo único que puede resultar un poco enfático en una película -no se olvide producida por capital norteamericano- que te mantiene en vilo y que desprende verdad.
 



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