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AD ASTRA (USA 2019)

AD ASTRA (USA 2019) 4 de Noviembre de 2019

     Los viajes espaciales, iniciados en realidad cuando el hombre pisó por primera vez la Luna en 1969, en las novelas y relatos de ciencia ficción son inquietantes o terroríficos. Y las películas, a excepción de la tan triunfanfe saga galáctica, acostumbran a ser amenazantes, que las hacen angustiosas o tétricas. Hay monstruos esperando a los invasores como en el primer Alien y en sus prescindibles secuelas. Lo más humano de 2001: una odisea del espacio no lo parecían los hieráticos conquistadores del espacio sino el ordenador Hal y su agonía al ser desconectado. También era más fácil conectar anímicamente con los trágicos replicantes de Blade Runner que con los despiadados y envilecidos humanos que les iban a exterminar. En las últimas incursiones cinematográficas, el protagonismo lo ejercen el tormento interior, la introspección y la angustiosa soledad de los astronautas. Bueno, George Clooney inyectaba inicialmente humor e ironía a su personaje flotando en la atmósfera en la excelente Gravity, pero todo se convertía en miedo y supervivencia para cuando Sandra Bullock se quedaba sola en el amenazador espacio. La irregular pero también atractiva El primer hombre contaba la hazaña lunar de Neil Armstrong, pero también el destrozo de su corazón ante la muerte de su hija, pero su profesionalidad se imponía a su desdicha.

      En la reciente Ad Astra (Ad Astra: hacia las estrellas, en Latinoamérica con su traducción del latín) su director y coguionista, el competente James Gray, no cita como fuente de inspiración a Joseph Conrad y su mítico relato El corazón de las tinieblas, pero creo que tampoco lo hicieron Coppola y su guionista en Apocalypse Now. Sin embargo está claro que todos se empaparon del señalado Conrad, independientemente de que sus aventuras se desarrollasen en la guerra de Vietnam o en el espacio interestelar, y por eso algunos hablan de Ad Astra como de un retorno al corazón de las tinieblas. En ella un astronauta experimentado, recibe la orden de viajar a los límites del sistema solar para averiguar qué ha ocurrido con su padre, legendario astronauta, del que no se han tenido noticias desde quince años atrás, cuando se embarcó con la misión de encontrar vida inteligente en el universo planetario. También sabemos que este hijo es una persona íntimamente herida, que sale de un naufragio sentimental y que acumula frustraciones por la ausencia de su progenitor.

        El desarrollo del guión y su puesta en escena son quizá un poco pobres (con varias inexactitudes científicas) y lentos (dura 122 minutos). Se hace demasiado evidente (y pesa lo suyo en la balanza del «entretenimiento») que su director busca con más ahínco la odisea interior que la aventura exterior.

        Sin embargo es una película esencialmente bella en sus planos tan contemplativos como vibrantes. Además hay misterio, tensión, múltiples peligros, pesadumbre y sorpresas en el viaje de este hombre roto para encontrar al padre que se perdió en el corazón de las tinieblas. Se describe esa angustia con un poderoso sentido visual. Y Brad Pitt es un actor competente que transmite con hondura y sobriedad la tortura, la vulnerabilidad y la incertidumbre de su personaje. Pero además Pitt demuestra inteligencia, sentido artístico y capacidad de riesgo en el cine que produce como es esta película. Por otra parte, son un lujo los momentos en aparecen actores tan buenos, tan veraces y con tanta personalidad como Tommy Lee Jones y Donald Sutherland. 

            Resumiendo, Ad Astra no es excepcional pero sí perturbadora y más que digna.

 



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