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ROMA

ROMA 4 de Enero de 2019

ROMA, CINE PURO AL SERVICIO DE LA MEMORIA         

        El mexicano Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961) ha demostrado a Hollywood que sabe manejarse entre grandes presupuestos y realizar películas tan atractivas como esta y como lo fueron Hijos de los hombres, Harry Potter y el prisionero de Azkaban o Gravity.

         Le sobran pues merecimientos para regresar a su tierra y hablar de los recuerdos de su infancia y adolescencia, de esa época trascendental que puede marcar la existencia. Y es que Roma es una recuperación feliz y dolorosa de ella y que sobre todo supone un homenaje a las mujeres de su niñez, especialmente a Liboria Libo Rodríguez, la tata indígena que trabajaba en casa de los Cuarón Orozco cuando él era pequeño. Su trasunto en esta película es Cleo, interpretada excelentemente por Yalitza Aparicio, una actriz no profesional que en la vida real es maestra de preescolar. Más que un homenaje es un canto de amor a esta sencilla mujer a la que Cuarón sigue venerando a sus 57 años y después de treinta años viviendo fuera de México.

         Él se toma el tiempo que considera necesario para hacérselo (dura 135 minutos). Todo parece fluir con normalidad y alegría en esa reconocible familia integrada por una madre, cuatro hijos y la abuela (única presencia religiosa extrañamente en un país tan religioso, pues reza en ciertos momentos) y dos empleadas domésticas. Pero aparecerán inevitablemente las sombras, la incertidumbre, el claroscuro, la indefensión, la rotura de lo que parecía estable, la sensación y las pruebas de que este Paraíso puede desaparecer. Y existe una comunión no subrayada, pero muy intensa, entre esos críos y sus padres con la persona que limpia sus desechos, otorga orden a su casa, ejerce de ángel protector.

        Fundamentalmente, la película es el retrato de esa mujer buena, sencilla, temerosa, de firmes convicciones elementales. Una mujer que vive y se desvive para una familia que no es la suya, Esta empleada acepta sin rechistar los desaires de la vida y que sufre en sus carnes algunas de las tragedias más duras que puede vivir una mujer. Pero de su boca no sale una sola maldición, sino que sigue al pie del cañón, dispuesta incluso a jugarse la vida por unos niños que no son suyos. En la película no hay una sola mueca de rebeldía, resentimiento o militancia femenina, aunque las dos mujeres protagonistas -Cleo y la madre- afirmen: "estamos solas". Y es que no quiere reprocharles su docilidad y sumisión, sino agradecerles su amor y su entrega, pues fueron dos "mujeres valientes.

       También visita las calles de esa ciudad compulsiva, filma una época que rebosó atrocidades, habla del lumpen convertido en un ejército paramilitar, filma asesinatos destinados a la impunidad, describe un temblor de tierra, la cercanía de un incendio, el mar embrabecido. Colonia Roma es un barrio de Ciudad de México, donde Cuarón vivió su infancia, el de sus orígenes personales.

        Su excelente fotografía panorámica en blanco y negro, su atmósfera filmada en largos planos cuando no "planos secuencia", su más que cuidado sonido ambiental y musical, etc.  La cámara de Cuarón -manejada por él mismo, pero además es su director, el guionista y el montador- crea un efecto hipnótico desde el primer plano hasta el último. Utiliza un primoroso lenguaje visual para hablar de eso tan simple y tan complejo, tan alegre y tan amenazador, tan luminoso y tan sombrío, tan cotidiano y tan excepcional, tan apacible y tan violento, tan tierno y tan cruel que llamamos VIDA.

         Ha dejado claro que no le ha interesado hacer una película política, si bien en los créditos finales hace una reivindicación de las mujeres, de las empleadas del hogar, de las niñeras, etc. Pero el contexto social en el que ocurre la historia, a principios de los 70, se cuela en la película, como los sucesos luctuosos de Corpus Christi, ocurridos el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México y la aparición de grupos paramilitares. También es evidente la relación entre razas y clases sociales en una casa de clase media alta, donde las dos trabajadoras domésticas son mestizas y las actrices que las interpretan son y hablan la lengua misteca (en la versión que vi no aparece subtitulada).

        Roma no es una película comercial al uso, si bien ha sido preseleccionada para el Oscar a la película de habla extranjera (donde es probable que se lleve varios). No hay escenas de acción –o casi–, ni encontramos efectos especiales, etc. Apenas ocurren cosas peliculeras, sino que ocurre la vida tal cual, llena de silencios, de cosas no dichas, de dolores no aireados. Por eso, en realidad suceden un montón de cosas, que no se ven con los ojos, pero sí con la inteligencia y el afecto cómplices del espectador. Es –en palabras del mismo Cuarón– un maravilloso regalo de cumpleaños. Y se lo ha hecho a sí mismo. Y a nosotros, los espectadores de su íntima epopeya.

         Hoy por hoy sólo se puede ver a través de la plataforma de televisión Netflix, aunque parece ser que dada su calidad se van a distribuir algunas copias para ser exhibidas en salas de cine y supongo que también en breve aparezca en DVD.



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