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1917 (Reino Unido 2019)

1917 (Reino Unido 2019) 23 de Enero de 2020

Algo que el cine bélico ha descrito muchas veces como exaltante es el que siempre ganan los buenos y sus espectadores salgan satisfechos. Pero es una frivolidad. El mejor cine que se ha realizado sobre ese infierno que es la guerra -que desgraciadamente nunca pierde actualidad- son por ejemplo: los veinte primeros y estremecedores minutos de Salvar al soldado Ryan; también sales entre alucinado y hecho polvo de Apocalypse Now, de La chaqueta metálica y de la prodigiosa Dunkerque. Sientes en tu propia piel el miedo y la intemperie de esos soldados acorralados y ametrallados por el ejército contrario. En todas ellas el cine utilizaba su lenguaje más poderoso para describir ese horror eternamente repetido.        

De la guerra de trincheras durante la Primera Guerra Mundial es inolvidable Senderos de gloria. Sam Mendes, ese director tan inteligente que se mueve con soltura y brillantez en géneros variados (llevan su reconocible firma American Beauty, Camino a la perdición, Revolutionary Road), se sitúa en esta 1917 a aquella trágica época y sus angustiosas trincheras, no basándose en una novela, sino inspirándose lejanamente en las experiencias de su abuelo.

Narra el heroico calvario de dos soldados jóvenes del ejército inglés, el 6 de abril de 1917 -en lo más crudo de la Primera Guerra Mundial- a quienes se les da una misión que puede ser suicida, la de abandonar las trincheras a plena luz del día y salir a campo abierto para avisar a los suyos de que los alemanes han fingido una retirada, montando una trampa para masacrarles. Es una misión con escasas posibilidades de supervivencia para estos dos hombres responsables y asustados.

Mendes, para transmitir esta historia de miedo, de incertidumbre, de monstruos que acechan en la luz o en la sombra a los dos, de barro y mugre, de desfallecimiento y supervivencia, ha inventado un impresionante lenguaje con su cámara, reivindicándola como único elemento generador de emociones a través de la puesta en escena y la propuesta formal y estilística: dos planos-secuencia que casi nunca abandonan el punto de vista del personaje. Se tiene la sensación de que los 119 minutos de metraje se desarrollan en un solo plano, pues casi no se perciben los cortes. Pero este ejercicio estilístico nunca es gratuito. No pretende el exhibicionismo. Es la forma de hacerte cómplice de los sentimientos que asaltan a sus protagonistas en paisajes y momentos que a veces parecen surreales, con el tono de las pesadillas.

Con su virtuosismo técnico, Sam Mendes comunica la sensación de miedo, congoja, angustia, etc. del combatiente en tiempo real. Tiene un excelente ritmo, que maneja el suspense. Sus diálogos son escuetos, pero suficientes y significativos.

Película que vibra, espectacular y febril, tan consciente de la enormidad de lo narrado como atenta a cada uno de los gestos, delicados y mínimos, que configuran la cotidianidad, la emoción y hasta la rabia. Uno se pregunta cómo Mendes ha podido conjugar la impresionante maquinaria de la puesta en escena con la intimidad de las interpretaciones

Hay apariciones breves y contundentes de pesos pesados del cine inglés, actores que siempre están bien, como Benedict Cumberbatch, Colin Firth, Mark Strong, etc. Pero son sus dos protagonistas principales -Georges MacKay y Dean-Charles Chapman- los que llevan el peso absoluto, sobre todo el primero, resultando tan creíbles como conmovedores.

Es excelente la banda sonora del reconocido Thomas Newman así como la ambientación y la fotografía de Roger Deakins. Tiene diez nominaciones a los premios Oscar (que, como siempre, no serán premios de la industria estadounidense a la mejor película, sino a la que más le conviene a ella).

Soberbia en su primera parte, es un poco más previsible en la segunda y en su conclusión, siendo tremendamente clásica en el nivel antropológico. Es la historia de dos hombres frágiles y vulnerables, determinados por la conciencia de una misión que han cumplir y definidos por la lealtad de la amistad y por el amor de sus seres queridos. Hombres dispuestos a dar la vida por algo más grande que ellos. Y sin embargo, son héroes anónimos, insignificantes en medio de las masas de soldados que llenaban en aquel entonces las trincheras del centro de Europa.



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